Las corraliegas dominaron desde el salto inicial el envite (11-2, min. 7). Las visitantes renunciaron a su tradicional defensa individual por una sorprendente zona 2-1-2, correctamente aplicada, pero que no las dio el resultado esperado. En esta ocasión, las locales se mostraron lucidas en ataque, propiciando una correcta selección de tiro que se materializaba en el marcador.
En el segundo cuarto, las solarenses apretaron de la mano de la habilidosa Neka Eguizabal y su capitana Paloma Ruiz, para situarse a tan solo tres puntos (19-16, min. 18, mínima del partido). La respuesta corraliega no se hizo esperar, parcial 7-1, para aterrizar en el tiempo de descanso con una tranquilizadora ventaja (26-17, mín. 20).
En la reanudación, sumidas en el fragor del duelo y espoleadas por nuestros aficionados, decantamos el encuentro con un intenso “minuto de furia”. Apoyadas en la inquebrantable fe que sentimos en lo entrenado (os lo dije: “¡el Séptimo de Caballería siempre llega!”), dimos el golpe definitivo al encuentro. Conclusión: 39-21, min. 27 y colorín, colorado. Desde ese momento, minutos para olvidar por ambos conjuntos inmersos en un sinfín de imprecisiones.
Recalco, debemos tratar de refrenar nuestro ímpetu por robar cada balón. Nos sancionaron 35 faltas personales, somos únicamente 8 jugadoras (4 excluidas por ese motivo), que se tradujeron en 44 tiros libres para Baloncesto Solares. Además la línea de personal nos martiriza, volvimos a no alcanzar el 20%. Aunque compensáis esos errores, con una extraordinaria vocación de trabajo que os impulsa a entrenar hasta la extenuación… y eso se nota en la pista.
Por último, agradecer a todos los aficionados presentes en esa desapacible mañana de domingo. Sin ese color en las gradas, el partido no hubiese sido el mismo. Vuestra mera presencia, las recompensa el esfuerzo semanal (son “otras chicas”). Por cierto, no olvidéis ver el famoso video “un minuto de furia”, sin cortes ni tuentis, solo baloncesto. ¡Que no os lo cuenten!
